La Primera Guerra Mundial
Imagen 2: Madame Carrel demuestra el método Carrel-Dakin en un hospital francés, 1917 · Documentary Photography
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En la Primera Guerra Mundial, muchos soldados sobrevivían a las heridas y morían después, por la infección. Las trincheras, llenas de lodo, eran el terreno perfecto para la gangrena gaseosa, y el “pie de trinchera” se volvió casi un símbolo de esa guerra. Los médicos respondieron con antisépticos químicos: fenol, yodo, acriflavina y, sobre todo, el método Carrel-Dakin, que limpiaba la herida a fondo y la irrigaba una y otra vez con una solución de hipoclorito a través de pequeños tubos de goma. Funcionaba, pero necesitaba mucha atención de enfermería y aparatos elaborados. Era un tratamiento pensado para un hospital estable detrás de un frente casi inmóvil. La Segunda Guerra Mundial fue distinta. En una guerra de movimiento rápido, donde los frentes cambiaban todo el tiempo y los hospitales de campaña tenían que moverse junto a los tanques y la infantería. Un tratamiento lento y fijo ya no funcionaba. No es que la medicina hubiera olvidado los métodos anteriores, es que la guerra había cambiado. Ahora se necesitaba algo que se pudiera producir en masa y llevar al frente que avanzaba todo el tiempo. Foto: Madame Carrel demonstrating the Carrel-Dakin method at a French hospital [Fotografía]. (1917). Red Cross Notes. Johnson & Johnson Archives. https://www.jnj.com/our-heritage/the-innovative-antiseptic-from-johnson-johnson-that-saved-soldiers-limbs-and-lives
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