Tenían el conocimiento. Les faltaba el poder para producirla.
Foto 3: Vasija de cultivo diseñada por Norman G. Heatley, 1940. · Minimalism
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A partir de 1938, un grupo de la Universidad de Oxford retomó la penicilina: Howard Florey, Ernst Chain y Norman Heatley. En febrero de 1941 la probaron en un paciente, un policía de Oxford con una infección grave. Mejoró en pocas horas, pero el medicamento se acabó, y murió semanas después. El obstáculo ya no era científico, sino de cantidad. Hacían falta unos 2.000 litros de caldo de cultivo para tratar a un solo paciente, y el laboratorio improvisaba con latas, bandejas y orinales de hospital. Lo que revela: Oxford tenía el conocimiento, pero no el poder para convertirlo en industria. Gran Bretaña, bombardeada y con su industria puesta al servicio de la guerra, no podía darle capital, plantas ni materiales. En 1941, Florey y Heatley cruzaron el Atlántico a buscar a quien sí pudiera. Con ese viaje, la decisión sobre cómo, dónde y para quién se produciría la penicilina empezó a salir de manos británicas. Foto: Heatley, N. G. (Diseñador). (1940). Culture vessel [Cerámica]. National Museums Scotland. Ref. T.1989.101. https://www.nms.ac.uk/discover-catalogue/how-a-ceramic-object-fueled-a-medical-breakthrough
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